Formada en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, María Paula llegó a Francia para realizar su maestría en Desarrollo de Poblaciones Vulnerables, guiada por la sensibilidad social de quien busca caminos para que las comunidades prosperen. Lo que no imaginaba entonces —y descubrió años después— es que esa sensibilidad, cultivada de la mano de su padre, Rodolfo, de la esposa de este, María Aurora, y de la Fundación Transformemos para llevar educación a poblaciones afectadas por el conflicto, le permitiría comprender el valor infinito de su tierra.
En Colombia habitan 560.000 familias que recibieron sin pedirlo —como un don del universo— esa semilla que en 1723 llevó a América el oficial francés Gabriel de Clieu, arriesgando su propia vida. Hoy, estas familias producen el mejor café del mundo y son las protagonistas de una silenciosa y bella revolución pacífica que ha derrotado la pobreza y transformado vidas, creando un fruto único, lleno de magia, capaz de iluminar a quien lo prueba.
María Paula entendió que si esa magia había transformado la realidad de tantas personas, debía ser compartida en su esencia más pura con cada ser dispuesto a abrir su corazón y recibir esa energía vital. Pero para lograrlo, el café colombiano debía ser tratado como lo que es: energía pura, seleccionada en Colombia y tostada en París en lotes de máximo 11 kilos.
María Paula aprendió a transformar cada grano mediante un proceso de alquimia artesanal. Bajo su mano experta y gracias a la torrefacción francesa, el café 100% colombiano se eleva a su máxima expresión. Así nacen nuestras tres ediciones —Colibrí, Tapir y Tatou—: una bebida única preparada para usted, orgullo de Colombia y Francia.
El corazón del Ritmo de Fontainebleau